sábado, 20 de marzo de 2010

Vivirlo para reirlo

    Todas las palabras que se me ocurren para describir el estado de ánimo en el que me encuentro tras ver la obra de teatro "Dos hombres solos, sin punto com... ni ná" del amigo jerezano Manolo Medina, interpretada por él mismo y por Rodrigo Ponce de León, hijo legítimo de mi ciudad adoptiva, Ronda, son sinónimas y pocas (que no Duque de Cádiz, aún coincidiendo en nombre y apellidos).
Con la mandíbula "desencajá", los ojos bañados por lágrimas que brotaban a su antojo y las manos ya doloridas desde los primeros minutos, así estuve cerca de tres horas disfrutando en el Teatro Vicente Espinel de Ronda del humor más auténtico, además de arraigado en nuestra tierra, hecho realidad gracias a las geniales interpretaciones de dos actores en potencia. De muchos es conocido Manolo Medina por sus apariciones en el bus de Antena3 (por empezar por algo), sus interpretaciones en varias series de Canal Sur, sus escenarios copleros y un largo ecétera que no hacen más que afianzar la calidad de artista que tenemos sobre el escenario, así como la calidad de persona para quienes lo hemos tratado de cerca.
Con el habla andaluza por bandera, estos dos hombres nos trasladan poco a poco, y sin que nadie se dé cuenta, al mundo más cotidiano que puede existir. Para quienes hemos compartido piso alguna vez, reconocemos el ambiente tan natural y a la vez tan aventurero del piso que compartimos, del día a día de las conversaciones con nuestr@ compañer@ de fatigas. Manolo y Rodrigo arriesgan aún más y se proponen desafiar las leyes de la lógica, introduciendo la convivencia con un hombre afeminado sin llegar a ser homosexual. Y digo arriesgan porque ¿cómo hacerle entender a nuestro mundo tal y como lo tenemos hoy en día, que pueden vivir dos hombres solos siendo uno de ellos afeminado, y el otro no?
Pues eso se proponen. Personalmente la idea la tengo clara, ocurre y existe esta situación, sólo que quizás no con tanto humor.
Y esa vertiente de la historia le da un punto ya de por sí cómico, que invita a acomodarse, que esto promete. Le añadimos el arte y la gracia de dos actores que geográficamente nacen y crecen cerca el uno del otro, respiran el mismo aire fresco de dos ciudades hermanas en muchos detalles ( gente, entorno, señorío y poderío, ...) y tendremos la combinación perfecta para desarrollar una magnífica obra de buen humor. La interactividad (que se llama así ahora, y no es más que integrar al público como interlocutor activo de la obra (los guiñoles, los payasos de circo, etc...)) es una de las bases (sólidas) que hacen de "Dos hombres solos, sin punto com... ni ná" algo más que teatro, una obra.
Una genialidad dónde se acumulan los "golpes" (andaluces en su inmensa mayoría por lo del juego que da el habla nuestra, bien sea en la modalidad dúo de compañeros de pisos, dónde un Rodrigo treintañero "macho macho" intenta demostrar su capacidad laboral y económica frente a un Manolo cuarentón dedicado a las tareas del hogar e influido por todo el marujeo del mundo mundial.
Bien sea en los monólogos que cada uno de ellos nos dispensan. Manolo, un niño desgraciado al cual su madre quería...matar, tal y como suena jajaja. Y que se crió entre mujeres "y un maricón!". Rodrigo, un tipo alegre, ligón, jóven, que domina el inglés de usuario, el internet de usuario, y todo lo que hoy en día domina la juventud. Esa juventud le aporta también inseguridad y cobardía frente a los problemas diarios de la vida misma (letras, facturas, responsabilidades). Ambos hacen referencia a sus madres, figura que marca para toda la vida.
Genial la participación del público, que fuimos en masa (lo bueno es bueno), y que además de subir al escenario como lo manda el guión, no dejó de reir y aplaudir. Entregado al máximo, atento a cada detalle y siendo consciente por minuto de la genial obra que se estaba desarrollando ante nuestros ojos. Tímido al principio y ya de una manera más que entregada al finalizar la obra.
Y genial esa interactividad. Manolo engancha y tiene más salidas que Córdoba. A pesar de que el rondeño es Rodrigo, sabe torear y domina la situación (3 horas de situación) como pez en el agua. A su vez, Rodrigo está suelto en el escenario. Y aunque ya son varios años y cientos de representaciones, esta de Ronda, por ser su tierra y su gente (familiares algunos, y amigos muchos), más difícil debió resultarle.
Por último, el más que merecido aplauso final de los que fuimos público, rindiéndonos ante la mejor medicina del mundo, y por seguir el simil, los mejores médicos del mundo, los que nos hacen reir.
Quedaria mucho más que decir aún, pero terminaré con el título de este blog, e invitando a todos a que lo disfruten como lo hice yo. Busquen la representación más cercana en http://teatrosi.blogspot.com/ y no se arrepentirán, se lo garantizo.
Tienen que vivirlo para reirlo.

PD: El 17 de septiembre vuelven a Ronda. No os lo podéis perder!!

1 comentario:

Rondeño con vocación de serrano dijo...

Quillo Pepe mio. Sabía que dominabas a la perfección el arte de las cámaras y del montaje audiovisual, pero ni idea que tenía tal pluma, no la de maricón, ea ya empezamos joeee. Que escribes mu bien coooneee. Queleio tu artículo del teatro y esta mu bien. Yo estuve en la obra y me descojoné como to quisqui.

Te sigo...

Rafafló Er carvo..rota.

jajajajaja. condio.